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DISCURSOS CASI TERRORISTAS


Cuando me dis­puse a realizar esta nota creí que lo mejor era no hablar desde mis co­nocimientos previos respec­to el tema sino salir, preguntar y ver qué opinan los ciudadanos de salta. También me pareció importante consultar con un especialista.

Para dejarlo claro al inicio, nos referiremos sólo de la marihuana, planta que en la actualidad se encuentra en el centro de las discusiones entre dos paradig­mas: el que busca mantener la prohibición y condenar el con­sumo personal, estereotipando a los consumidores como en­fermos; y el que sostiene que es un acto propio de cada per­sona, que no debe ser penado siempre que no afecte a terce­ros.

En una encuesta realizada vía Facebook, de 70 personas que ingresaron sólo respondie­ron 23 la encuesta, se ve que el resto era un grupo de curiosos. El 78% de los que contestaron eran hombres y el 22% restante mujeres.

Se crearon 5 preguntas:

1- Se consultó si estaban de acuerdo con el proyecto de ley propuesto por Uruguay en el que se legaliza la marihuana. – La mayoría se manifestó a favor.

2- ¿La marihuana es mala? – El 85% respondió que no lo era. El restante 15% admitió que pro­duce daños en el organismo.

3-Se indagó sobre el uso que se le puede dar. –Aquí se desta­có su uso medicinal, recreativo, gastronómico, industrial, cere­monial y espiritual.

4-¿Conoces el proyecto de ley sobre la regulación y el consu­mo de marihuana en Uruguay? – Fue sorprendente lo que pasó en este caso. Casi el 100% que estuvo de acuerdo con la pri­mer pregunta, la mitad mani­festó el desconocimiento total o parcial sobre dicho proyecto. (Dato a tener en cuenta).

5- Por último, se preguntó si votarían a favor o en contra de una ley que permita al Estado regular la producción y que los usuarios puedan ejercer el au­to-cultivo. –El 100 % respondió que la apoyaría.

De las 23 personas que acce­dieron a la encuesta, la mayo­ría son jóvenes de entre 18 y 25 años. Y, si bien, la muestra no es representativa podemos advertir una tendencia positiva hacia la promulgación de una reglamentación que regularice el consumo.

Al margen de esto, destaca­mos también una falta de infor­mación o desconocimiento res­pecto los aspectos que plantea la legislación. Aspectos que se deberían tener en cuenta a la hora de votar por la regulación en el consumo del cannabis. Así mismo, también deberían in­formarse sobre las consecuen­cias que la ingesta de THC pue­de acarrear.

Por otra parte

Es normal que al querer ini­ciar un dialogo o debate sobre el tema con personas mayores (hablo de nuestros abuelos y padres), tienen muy internali­zado ciertos prejuicios que casi son inmodificables. La palabra droga parece ser enlazada sólo a lo recreativo y/o a la delin­cuencia. Y se olvidan que los medicamentos que muchas ve­ces consumen también lo son, así como otros vicios más natu­ralizados en nuestra sociedad entre los que encontramos al alcohol y al tabaco, que sin po­nernos a ver cuál es el más da­ñino, todos tienen consecuen­cias negativas en nuestra salud.

DISCURSOS CASI “TERRORISTAS”

PARA ACLARAR ALGUNAS DUDAS CON RESPECTO A LA MARIHUANA Y A SUS EFECTOS HUBO QUE RECURRIR A ALGUIEN QUE NO SÓLO TUVIERA CONOCIMIENTO TEÓRICO SINO TAMBIÉN ALGÚN TIPO DE EXPERIENCIA RELACIONADA A LO QUE PROVOCA SU CONSUMO.

Martín Carlos Teruel, además de ser licenciado en Psicología es especialista en Drogodependencia y actualmente preside FUNAD (Fundación para el Estudio, la Prevención y la Asistencia de las Adicciones). A él recurrimos para resolver las incógnitas.

¿Qué es lo que sucede a nivel neuronal si consumimos marihuana?

Desde un punto de vista estrictamente neuroquímico, en el consumo de cualquier droga, la sustancia provoca su efecto a través de la modificación del mecanismo de neurotransmisión aumentando la presencia del neurotransmisor, disminuyéndola o bloqueándola en el espacio sináptico. Y esta acción, al ser prolongada, produce una transformación progresiva del espacio sináptico.

En el caso del consumo de cannabis en los adolescentes lo especialmente delicado es que se trata de un período del desarrollo en el que se está produciendo migración celular y reorganización sináptica, que se pueden ver afectadas por el uso regular de marihuana.

¿A nivel psicológico qué produce?

Los cannabinoides provocan esencialmente estados de relajación, generando sensación de placidez y buen humor. Por eso, en algunos usuarios regulares puede aparecer, ante la supresión del consumo, lo que se denomina síndrome amotivacional. Es decir, personas que sin la sustancia presentan cuadros de abulia, desinterés, depresión.

¿Se relaciona de alguna manera con el inconsciente?

Sobre su posible relación con el inconsciente, no estoy seguro que pueda establecerse. Desde hace casi cien años se discute si los estados alterados de conciencia por intoxicación pueden considerarse ligados a los contenidos inconscientes.

¿Por qué la gente se ve en la necesidad o en la curiosidad de consumirla?

Las motivaciones personales o subjetivas pueden ser diversas. Ahora, si nos preguntamos sobre la curiosidad, en términos culturales hoy la marihuana goza de “buena prensa”. Se subrayan sus efectos placenteros y se niegan las posibles consecuencias adversas.

¿Se puede ser una persona sanamente equilibrada/estable mentalmente a pesar de consumirla? ¿De qué depende esto?

Como dijimos antes, puede generar síndrome amotivacional. Por otra parte, como la marihuana usada habitualmente interfiere en procesos corticales y altera funciones como la memoria y la comprensión de planteos simbólicos complejos, ciertas esferas del comportamiento social pueden verse afectadas. Esto dependerá de varios factores relacionados con la acción neuroquímica del THC, con las características de personalidad del consumidor y con variables contextuales o ambientales.

¿Cómo cree que es tratado este tema en nuestra provincia?

No observo que el tema sea tratado a nivel oficial. Concretamente, están los panegiristas del cannabis que desconocen u ocultan las posibles derivaciones desfavorables del consumo, y los que lo demonizan.

Considero que ambos extremos se equivocan porque, en última instancia, dejan sin tocar la cuestión de la subjetividad, la singularidad de cada consumidor de sustancias.

Lo que advierto es que entre los adolescentes y jóvenes se da esta naturalización del consumo de marihuana, como si se tratara de algo inocuo o, incluso, bueno en sí mismo. Sus padres, en cambio, suelen pensar que la marihuana es una droga que los llevará hacia otros consumos y a la adicción.

¿Se educa para entender las problemáticas que de este tema se derivan o aún vivimos con preconcepciones que para nuestra época se vencieron?

Por lo general cuando se quiere advertir a la población sobre los riesgos, se incurre en discursos casi “terroristas” que pretenden prevenir atemorizando, pero quedan vaciados de racionalidad.

Si se quiere educar no se puede bajar una retórica amenazante. Primero hay que escuchar, prestar atención a lo que el otro dice y piensa sobre el asunto, ver cómo construye su visión del mismo, para poder pensarlo juntos.

¿Somos prejuiciosos a lo hora de hablar del tema?

Me parece que sí, de un lado y del otro. Entre los que proponen el consumo de cannabis y los que se escandalizan si hablamos de despenalización hay, en el fondo, preconceptos y visiones sesgadas.

¿Qué opina sobre la sanción realizada por el gobierno uruguayo en la cual se regularizó el consumo, la tenencia y el cultivo?

A mí me gusta que se corran los tabúes y se discutan los paradigmas porque en más de treinta años la “guerra contra las drogas” ha ocasionado más daños que beneficios a la comunidad.

Creo que la política que intenta aplicar Uruguay –vamos a ver en el tiempo cómo resulta– tiene tres ejes principales que son interesantes: 1) reducir el negocio de los que trafican; 2) evitar el consumo de droga adulterada, lo cual suele ocurrir cuando una sustancia se compra en el mercado clandestino; 3) no criminalizar al usuario de drogas. Y todo eso en el marco de implicar al Estado en la problemática.

¿Nos puede dejar alguna reflexión en base a su experiencia?

No sé si es fácil sintetizarlo. Podría decir dos cosas. Una es que ninguna sustancia es inocua, que no hay consumos sin consecuencias. Y no me refiero a si se producen o no daños en el cuerpo, sino a cuál es la posición que cada quien toma respecto de su propio uso de drogas, qué lugar les da en su vida y cómo se las arregla, justamente, con su vida. Y esto me lleva a la segunda cuestión: en el llamado “problema droga” lo central no es la sustancia, sino el sujeto; esto no es un asunto farmacológico. Se trata de ver qué de lo personal empuja al uso de drogas como un recurso para la vida, en un marco social que todo el tiempo nos muestra a la capacidad consumo como una virtud.

Fuente: Revista Encultura Nº 16

[signoff predefined=»Signoff 1″ icon=»brush»]Texto: Francisco R. Molins – Ilustración: Bernardo Rodriguez Berri[/signoff]

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