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El arte es desnudarte

Nicolas Picatto, salteño, alto, artista urbano, dibujante y pintor; hoy más artista urbano y dibujante que pintor. No tiene cara de ser lo que es. No tiene pinta de artista plástico, pero lo es. 

Sus obras trabajan conceptos simples pero profundos. Al principio es lo visual lo que te atrapa de ellas, y cuando las mirás de cerca empezás a encontrar el relato que esconden. Algunas son piezas que describen la cotidianidad, otras son expresión de protesta, su relato es tan sencillo que muchas veces ni él se da cuenta de lo que cuenta.

¿Cómo trabajás?

Yo laburo con la obra, con gente que viene al taller, que se interesa, y después con galerías de arte de acá. Hay dos con espacio físico a los que llevo obra, y después hay otras que son de una chica que tiene una dirección de instagram y ahí vende.

¿Producís para llevar tus trabajos fuera de Salta?

A la gente de otra provincia o de otro país no le interesa mucho que un artista de afuera le mande obra, vos tenés que estar en el lugar. Además, con todo el trámite burocrático que implica pasar AFIP, es una historia salir de Argentina. 

Si yo quiero sacar obra para ir a hacer una exposición afuera tengo que seguir todo un proceso en Buenos Aires, tengo que mandar las fotografías y ellos tienen que constatar que no sean robados los trabajos que quiero sacar, básicamente.

Antes había que seguir todo un proceso más jodido. Tenías que inscribirte como importador/exportador para poder sacar obra. Al final la metías en la valija guillada, y te ibas, no quedaba otra. Yo salí varias veces así. 

¿Y qué tipo de obras vendés?

Estoy laburando en formato mediano y chico. Tenés poco mercado para obras muy grandes, por encargo si las hago. Pero después, ponerte a pintar algo que te lleva un mes y tenerlo ahí que no se pueda vender, no está bueno.

Ahora tengo poco porque llevé a las galerías. Esos espacios son necesarios porque ellos te regulan el precio y a la vez tienen la clientela. El artista está en el tema de la producción, vender le es complicado.

Es difícil ponerle precio a la obra para el que la crea porque tal vez sienta que el cuadro no está listo y viene alguien a comprarlo, ahí se complica pensar en un número. En cambio, al que es galerista no le importa, pone un precio, vende y listo.

¿Tenés horarios definidos de trabajo?

Si, yo vengo acá (al taller) de lunes a sábado, los sábados puede ser que no venga. Los lunes vengo al mediodía y ya me quedo hasta la noche.

¿Cómo es tu proceso de trabajo?

Dibujo en un cuaderno, en el caso mío empiezo desde lo mínimo, voy haciendo figuritas chiquititas, y la que me gustó, la exploto. A veces agarro algo que descarté. 

Por lo general, los laburos que me gustan mucho a mi, demoran en salir, porque los cargo de concepto. 

Hay gente a la que le gusta el concepto en la obra, quieren colgar algo que tenga un significado social y después están los que quieren decorar.

Yo vivo de esto, con sus vaivenes, con sus altibajos, pero vivo. Y si vos a eso le sumás que acá tengo la bohemia, está buena la combinación. Porque vos necesitás de eso. Tengo muchos amigos que son poetas, que son músicos, y eso alimenta mucho a la obra. No solo lo que percibo, también me inspira mucho Salta, la cuestión andina, pero eso tiene que estar acompañado de las conversaciones. A veces los artistas estamos muy en la mesa, ahí, y está bueno escuchar otras cosas. 

Ilustro mucho para poetas, ellos me dan a mi sus cuentos para que se los ilustre. 

Para ilustrar tenés que leer, a veces no conozco a los autores, entonces ¿cómo hacés para entrar en sintonía?

¿Ilustrás para cada poema de un libro?

Yo leo la poesía, leo todo el libro, me conecto y mando un poco más de lo que me piden. Algunos se copan y me piden todas las ilustraciones y otros dos o tres.  Cobro las que eligen.

¿Y a vos te interesa el contacto con el público?

Si, me interesa. En una exposición hay gente que ve cosas que están muy buenas, y pensás: ¡qué buena interpretación! Hay algunos que te hacen un vuelo impresionante, algunos poetas agarran una ilustración y le sacan el jugo. Tienen el don de la palabra, calculo que eso les da más amplitud para expresar. Hay otros que van directamente a los colores, que le encantan eso.

Y los chicos son un flash, son espectaculares. Son muy divertidos porque no han estructurado todavía la imaginación. Eso también tiene que ver con la creatividad, lo del niño interior, te ponés a la altura de un niño y descubrís un mundo.

¿Te gustan tus trabajos?

Si, ahora si, hubo una época en la que hice una serie de laburos que los tengo guardados, no me cerraban. Eso sí, siempre hay una inconformidad, que es lo que te lleva a cambiar de estilo, de soporte, porque a veces te cansás. 

¿Dónde te ubicás dentro de las artes plásticas?

En cuanto a la técnica, laburo con tinta, con el collage, lo mío sería dibujo, pintura y arte urbano, eso es lo que me interesa hoy. Alguna vez hice escultura, pero me engancho más con el dibujo porque le encontrás el resultado más rápido.

¿Qué sería el arte urbano?

Es lo que yo estoy haciendo en la calle, papel pegado. Se le dice pegatina, es una técnica vieja, de los carteles, de los afiches. Esto tiene una ventaja, que es que el trabajo lo hago acá y después salgo y lo pego. 

A veces es difícil de entender, pero el artista tiene una necesidad de expresión constante, querés decir algo y la calle es un soporte espectacular. Aparte le da visibilidad al artista. Es una forma de visibilizar tu trabajo. A veces te conviene más eso que estar lidiando con los organismos, entonces tenés la opción de la calle. 

Mucha gente me empezó a conocer por los murales, pero yo ya venía trabajando de toda la vida con el arte y el taller. 

Es una experiencia linda, la última vez lo compartí con un par de amigos. En general, las pegatinas las hago solo, cuando ya empieza la oscuridad cargo todo en la camioneta, voy y pego en una pared determinada. Y está bueno, durante la noche, nadie te dice nada, nadie te pregunta, no pasa nada. 

¿Tiene todavía algo de vandalismo ese acto?

Con el soporte papel no pasa tanto eso de que no quiero que me vean, lo uso porque es una forma rápida de estar ahí en la calle, pero también es algo que no dura mucho tiempo, si le dan el sol y la lluvia no va a durar más de tres meses. Y la pared vuelve a quedar limpia para que venga otro y haga otra cosa. 

Cuando empecé a pintar en 2008, los laburos me llevaban mucho tiempo, empezaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 6 de la tarde. Y en esas horas te pasa un montón de gente que te pregunta qué estás haciendo. Con el paso del tiempo, salieron más artistas y la gente ya lo tiene incorporado.

¿Y la pintura por qué te lleva tiempo?

Porque tengo la técnica de yuxtaponer colores, poner color al lado del otro, así como una línea más definida, si vas con el pulso y le erraste, tenés que esperar a que se seque para darle otra mano. Es un estilo que tiene que ver con la simetría, ya no le doy tanta bola a eso, ahora lo hago y por ahí me salgo un poco y ya está. Es ir soltando, tiene mucho que ver con el estado de ánimo del momento, con cómo sos vos, a veces uno piensa que está ligado a factores externos y a la inspiración externa y después, con el tiempo, te das cuenta que son cosas que uno tiene adentro. 

En la mayoría de los casos pasa eso,  por ejemplo hay un personaje muy recurrente mío, un tipo que al que le sale humo, o que le tapo con algo la cabeza y no se le ve la cara. La gente es tímida en Salta y se esconde, es perfil bajo, podés asociarlo con eso o con muchas cosas. No es porque no tenga la técnica para hacer rostros, es porque algo pasa. 

La pintura, el arte es desnudarte.

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