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Hablarle al silencio

Hay preguntas que se evitan por miedo, a herir, a tocar algún punto sensible, a meter el dedo en la llaga. Así que charlar tiene que ver muchas veces con predisponerse a escuchar lo que los demás quieran o necesiten contar. 

Eva Parra se muestra abierta, pero también implícitamente marca los límites de entrada. Hay temas que va a evadir.

Eva es Eva, y necesitó decirlo muchas veces, y repetírselo a sí misma, hasta que se lo pudo contar a los demás… a su manera.

Para ella Lo Torcidito es muy especial, es la obra con la que le habló de su identidad de género al mundo, usó al teatro como excusa.

Lo Torcidito es muy importante, porque es una bisagra, un punto que necesitaba dice al principio de la charla.

La guía y el apoyo de la directora y dramaturga Cristina Merelli, fue crucial para que la puesta tomara forma, acompañó a Eva desde el primer momento. Se olvidaron de las distancias, y una desde Buenos Aires y la otra desde Salta crearon una obra visceral. Lo torcidito no tienen que ver con lo que se muestra hacia afuera sino con todo aquello que resuena por dentro.

¿Cuánto tiempo te llevó escribir la obra?

Más de un año.

¿Vos en ese transcurso hiciste el cambio de identidad de género?

El cambio de documento todavía no lo hice.

O sea que en el documento no aparecés como Eva Parra

No importa tampoco, ni para la ley ni para mi, así que no. Lo que cambia es otra cosa, es la decisión tuya de decir quién sos más allá del documento. 

Yo tenía una imposibilidad de escribir sobre esto. Era muy difícil para mí, había intentado hacerlo sin tenerlo tan claro qué es lo que quería decir o qué es lo que quería hacer. 

Cuando descubrimos eso, Cristina me dijo: despreocupate, vos escribí, vos contá cosas.

Ahí fueron saliendo un montón de anécdotas y de vivencias que tenían que ver mucho conmigo aunque no fueran la realidad pura, porque estábamos escribiendo ficción, entonces mezclaba cosas que había vivido con cosas que había escuchado y con cosas que ví. 

Y así se fue armando, una vez que salió el primer texto todo fue más rápido. Yo mandaba los textos, Cristina ni los tocaba, los dejaba tal cual.

Llegó un momento en el que ya teníamos una seria de relatos todos distintos, arreglados en una cierta línea narrativa, pero todavía eran relatos sueltos. Faltaba una historia, un conflicto que los una.

Ahí nació una historia totalmente ficcional, una persona que iba a contar sobre su identidad de género ante su familia en el velorio de su madre. 

¿Vos ya tenías claro que ibas a hacer un unipersonal y que lo ibas a actuar?

Si, aunque no lo dije nunca, sabía que estaba haciendo eso.

No sé si podía expresarlo en ese momento, pero a medida que escribía sobre mí era evidente que lo iba a querer actuar. 

Tuvimos la obra hecha con la idea base de un entierro. Ella encuentra a su madre muerta y le habla al cajón, y lo que hay siempre es silencio, no hay respuesta. Y de eso se trata la obra. 

Y ahí empezó otra etapa, Cristina dirigiéndome por whatsapp o messenger, antes de la pandemia cuando no era común comunicarse por zoom. Ella estaba en Buenos Aires en su departamento, yo acá en casa en Salta. Y así empezamos a armar esta historia.

Fue otro año más de preparar la obra. Tenía mucha poesía, entonces era difícil. Y estuvimos casi un año sentadas en una sillita, tratando de sacar ese cómo tenía que decirse el texto. 

El estreno  era en febrero del 2019, quedaban 3 semanas y todavía no estaba la puesta, ni el vestuario, ni nada. 

En un momento Cristina dijo: yo te voy a poner un banco de cemento al fondo, y se acabó el asunto, y ahí vas a estar sentada.

Y ahí se me ocurrió algo más del norte, que le diera peso por el lugar desde donde se cuenta la historia. Y se me ocurre a mí la pila de ladrillos, que está en todas las construcciones de Salta, que pasás por una obra y ves ladrillos.

Y quedó eso, pero lo único que teníamos era una pila de ladrillos.

Faltaban dos semanas y ella (Cristina) vino para Salta, teníamos una pila de ladrillos y yo sin saber usarlos.

Un día yo estaba trabajando y ella marcó un rectángulo alrededor de los ladrillos y se fue. Yo llegué, no estaba ella y vi eso que había hecho y me metí adentro. Y ahí es como que sentí el encierro del que se habla en toda la obra, de no poder salir, de no poder decir, de no poder hablar. Y ahí sí fue claro. 

Llegó el día del estreno, fue difícil para mí, estaba muy nerviosa pero bien contenida por el resto del equipo: Juan Carlos Sarapura, que hacía la técnica y las luces, y Telma Jerez que también me asistió.

Fue una cosa muy rara para mí. Porque yo estaba diciendo quién era, qué era lo que sentía, qué era lo que me había pasado durante tanto tiempo con mi identidad de género, y a la vez estaba haciendo ficción, estaba protegida por la ficción, por el teatro. 

No es lo mismo sentarse en una mesa con tu familia y decir: mirá, mi nombre es Eva y decidí vivir así, que hacerlo por medio de una obra de teatro.

O sea, si bien no era consciente de esto, creo que estuvo planificado así desde hace muchísimo tiempo, como que fui buscando un espacio para que eso suceda y que si miro para atrás, te estoy hablando de mucho tiempo para atrás, siempre intenté escribir esto o algo parecido. 

De las cosas que hiciste ¿te parece la más importante?

Si, por lejos. Porque no solamente tiene que ver con el teatro, tiene que ver conmigo, con abrir una puerta. Yo usé el teatro para abrir esa puerta.

¿Vinieron cosas después de Lo Toricidito?

Hice un curso de dramaturgia con Partricia Suarez , ahí quedó otra obra escrita. Distinta, ya con 6 personajes, pero siempre de alguna forma los personajes o las cosas que pasan son de la vida transgénero.

¿Y eso por qué?

Tengo que hablar de eso, es la militancia de cada una, de decir tiene que haber más obras de personas transgénero y se tiene que saber que las travas escribimos y que podemos hacer cosas, y que estamos ahí.  Todo se trata de visibilidad, de estar presentes.

Quiero un mundo de heroínas trans, y si las puedo escribir, me gustaría hacerlo siempre.  Creo que las personas transgénero desde que se levantan están militando, al salir a la calle, al entrar a un café. Y lo que puede cambiar la situación de todo un grupo es la visibilidad. 

Ahora lo que quiero hacer es dirigir y tomar textos de otras personas, transgénero, que hablen sobre el amor trans.

¿Por qué el amor trans?¿Por qué no amor?

Porque es distinto, todo cuesta siendo trans. Las chicas trans son usadas, son escondidas, no son mostradas ante la sociedad. Entonces, es una relación muy desigual. 

Hay una desventaja siempre, como todo en la vida. Buscar un trabajo o vivir si que te caguen matando y te tiren a un canal.

Y creo que si ya el amor es difícil de cualquier forma, con estos condimentos que te cuento, se hace bastante interesante dramaturgicamente.

¿Y tu familia la fue a ver a la obra?

Si, la más cercana no. Mi hermana que vive en Santiago del Estero la vio cuando estuve allá. Me cayó ahí, y fue un encuentro que tuvimos, toda una cuestión familiar que ella esté presente ese día ahí, y estuvo bueno. Y acá, primos, tía, no la más cercana.

Mis amigos fueron a verme, toda la gente que conozco presente y apoyando siempre.

Hacerlo de la forma en la que lo hice es un privilegio de pocas. 

¿Eso por qué?

Porque las chicas trans que deciden revelar su identidad en provincias como la nuestra son expulsadas de los hogares, en la adolescencia, sin estudios terminados. Sin ninguna otra opción laboral que no sea la calle y la prostitución. 

Yo ya con un trabajo hecho, a mis 40 años, con un hijo, decido contarlo y por medio del teatro, es un privilegio inmenso hacerlo de esa forma. 

¿A un hijo cómo se le explica?

Fueron más miedos míos. Escribí una carta y se la leí, le explicaba qué era ser una persona trans, que yo era una de ellas y que eso no cambiaba en nada el amor que nos teníamos, y lo entendió perfectamente. Cuando terminó todo, lo que hizo fue abrazarme como diciéndome: no sé si entendí lo que me acabás de decir, pero te amo y listo. 

Y para él soy su papá, voy a ser toda la vida su papá Eva, me trata en femenino pero soy su papá.

Y él es el apoyo más grande para mí. Tener a mi hijo al lado. Cuando voy a buscarlo al colegio, que venga y me abrace, es muy fuerte. Son cosas muy lindas, son re importantes. Es lo más importante.

Hay cosas que son todos los días difíciles, las que tenés que pasar, las que tenés que aguantar, con los apoyos necesarios cuesta pero podés. 

(Eva no lo dice abiertamente pero hay gente y situaciones que no quiere nombrar. Eva, no la de la obra sino la de carne y hueso también recibe silencio, y aunque no hay una tumba ni un velorio, ella usa el teatro para hacer su duelo).

Foto y texto: Luciana Cassina

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