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Nuestra venganza será llegar a viejas

Daniela se fue de su casa. La historia se repite otra vez, tiene doce años y está en la calle, no sabe qué hacer, va arrastrando su alma, está toda rota por dentro y tiene el corazón desarmado. ¿Qué posibilidades de sobrevivir había en Salta durante los 90 siendo una niña trans? Hay una sola respuesta posible: la prostitución.

Pasaron tres décadas de esta escena,  ella pudo dejar el trabajo sexual y hace varios años se vinculó con su familia otra vez. Pero el camino para llegar a eso fue demasiado largo y doloroso. 

Afuera de su casa hay un hombre vestido de policía, es su custodia. Estuvo en pareja durante 19 años viviendo una relación basada en violencia de género. Pudo salir del círculo vicioso pero las cosas no fueron fáciles, actualmente su ex pareja tiene una restricción perimetral. 

La falta de contención y de afecto muchas veces nos llevan a creer que nadie nos va a querer, que no servimos, y terminamos metiéndonos en situaciones de las que más tarde es difícil salir. 

“A los 12 años me fui de mi casa, yo me hice sola”, dice Daniela.

¿Por qué te fuiste?

Porque mi padre no me aceptaba, ahora tenemos una muy buena relación, pero en esa época era difícil. 

Una no lo elige, cuando descubrí mi sexualidad tenía 11 años, me sentía atraída por los hombres y luchaba contra eso, en mi familia estaba mal visto, sentía frustración porque las mujeres nunca me gustaron.

Le dije a mi papá lo que me pasaba y ahí se armó el quilombo, pero no creí que iba a terminar en la calle. 

Nunca pensé que iba a tener que prostituirme, ser sometida, llegar a vivir todas las cosas que me pasaron, una no lo elige. Te pasa. No es que yo me acosté y dije: “mañana voy a ser una chica trans”; no, una nace.

Tengo 43 años, te estoy hablando de hace 30, y era difícil para la familia tener hijos homosexuales. Así que tuve una vida durísima, pero eso es lo que me ayudó a ser la persona que soy hoy. 

¿Considerás que tu vida sigue siendo dura?

Si, lo único que me reconforta es haber logrado mi sueño y sentirme plena, eso es lo que me da la fuerza. La reasignación de sexo me cambió la vida por completo.

¿Cumple con tus expectativas?

Es un cambio de vida, soy otra persona. Me siento más completa.

Estuviste muchos años viviendo en Italia ¿Por qué te volviste?

Era la oportunidad de escapar de esa situación de violencia de género que estaba viviendo, en la que, además, estaba obligada a ejercer la prostitución. 

¿Las parejas te controlan con el miedo?

Hasta se llega a naturalizar. La gente te pregunta: – «¿por qué no lo dejaste?» Como si fuera tan fácil. 

Hasta hace poco, estando con custodia y teniendo perimetral de 300 metros, el tipo se me acercaba para hostigarme.

¿Él vive en Salta?

Actualmente si, está con otra mujer, hace poco lo dejaron en libertad. Había sido detenido. Mirá cómo es la justicia, tuvo que tener cuatro desobediencias judiciales para que lo detengan. ¿Y si a la primera me mataba?

¿Cuánto tiempo estuvo detenido?

Desde marzo a octubre, con arresto domiciliario. Así que estaba tranquilo en su casa. Y lo más loco es que andaba sin custodia y circulaba por acá. Y es por eso que tengo consigna policial. 

Lo que estoy pasando es durísimo, porque muchas veces no hay justicia. 

¿A qué te referís con que no hay justicia?

No solo pasa por el hecho de ser mujer trans, a las mujeres en general, que sufren violencia de género les pasa lo mismo, tienen abogado de oficio, gente que encajona la causa, no acompañan.

Me tocó un juez machista, tal vez homofóbico, me hacía muchas preguntas, ya de entrada con actitud muy altanera, en un momento el tipo quería que yo repitiera las mismas palabras con las que mi ex se refería a mi. 

Estoy haciendo terapia hace un año por esta cuestión y no me gusta volver para atrás, no quiero recordar todas esas cosas, todo ese hostigamiento, todos esos golpes, los insultos.

Nunca había estado frente a un juez ni en un proceso judicial. Pregunté si era necesario que use las mismas palabras con las que mi ex se dirigía hacía mí, y el juez se ofuscó y empezó a decirme: -“¿pero qué piensa usted? Tiene que decir las cosas como son. Sino cerramos todo acá y nos vamos a la casa, dejamos de perder el tiempo.¿Qué te dijo? Puto de mierda, te voy a matar ¿Eso te dijo?”

Me parece injusto que a una víctima de violencia de género se la trate de esa forma. El juez está ahí para resolver las cosas, diferente hubiese sido que me diga que por x motivo tenía que repetir las mismas palabras que usó en ese momento esa persona.

¿Y qué pasó después? La fiscal había pedido una pena ejemplar por las 4 desobediencias, y le dieron la libertad a mi ex, no por falta de pruebas porque las tenía todas en contra, no sé de qué se agarraron.

Para mi fue una locura. Y bueno, tengo que estar con consigna policial.

Que yo sepa, no hay registro de que una chica trans se haya animado a denunciar hechos de violencia de género, porque si bien muchas lo sufren no lo hacen público, ni lo denuncian, ni llegan a un proceso judicial.

Hay otra cara de las chicas trans. Está la chica que se prostituye, porque decir trans en Salta es sinónimo de prostitución, droga, alcohol, enfermedades.¿Por qué? porque es una mentalidad muy cerrada y conservadora, pero también estamos las chicas como Camila, que es artista o yo, que soy estilista, hay enfermeras, policías, pero a ellas no las ven.

Pasé por muchas cosas en mi vida, tengo todos los recursos internos para salir adelante, así que hay que seguir luchándola.

Camila Maza

Camila se fue de su casa. La historia se repite otra vez, el desenlace es el mismo: “Camila se fue de su casa”, pero la introducción y el nudo de este relato son diferentes. 

Camila Maza es una chica trans, tiene 33 años y hasta el momento no se sometió a ninguna cirugía, ni estética ni de cambio de sexo. La ley Nº 26.743, de identidad de género, la contiene en caso de que sus deseos se modifiquen y decida realizarse un implante mamario o quiera dar un paso a la reasignación de género.  Por el momento, solo se encuentra tomando hormonas, que le reducen el bello corporal y colaboran con el crecimiento de sus mamas. Para ella, los senos no son los que hacen la diferencia.

No habla de su papá y se refiere poco a sus hermanos mayores, las que sí están siempre presentes en sus conversaciones son su mamá y su hermanita. Vivió con ellas hasta hace poco y en plena pandemia se mudó a la casa de su amiga Daniela.

Desde fines del siglo XX hasta ahora pasaron muchas cosas, una de ellas tiene que ver con la promulgación de la ley Nº 26.743, una legislación que protege y acompaña a quienes se auto perciben de una manera distinta a la que les asignó la biología. Un marco legal que nos obliga a los demás a empezar a entender y, sobre todo, a respetar.

“Amo ser travesti. Amo sentirme travesti. Amo esa forma, porque de esa forma crecí y de esa forma me construí”. Camila se define como una tras de los 90, no le molesta ninguna de las etiquetas que usan para definirla y se describe como travesti la mayoría de las veces.

El tiempo, los cambios y las conquistas sociales empezaron a generar herramientas impensadas en otras épocas para la comunidad (diversa). A pesar de que las cosas no son como antes, hay que luchar contra la transfobia, todavía mueren chicas por ser trans. 

Vos te sentís mujer ¿ya te hiciste alguna cirugía?

Nunca en mi vida me haría una reasignación de sexo, me siento super tranquila con mi sexualidad y con mi cuerpo. 

Es un camino de ida, en el que hay que tener la conciencia suficiente, porque es un cambio enorme que le estás por hacer a tu organismo y no hay vuelta atrás.

Para mí, la percepción tiene que ver con lo que vos ves con tus ojos desde afuera, y de lo que querés que vean de vos. Es una cuestión mental y se trata de estar bien, de sentirse tranquila con una misma.

¿A tu mamá le costó entender cómo te autopercibías?

 A todas las madres les cuesta. Creo que yo le di la confianza suficiente, le fui marcando el camino de cómo quería ser o cómo quería vivir, a qué apuntaba, a qué aspiraba. 

En el secundario me sacaron de la escuela Normal por ser trans. Era el año 2004, hicieron un gabinete de psicólogos y de psicopedagogos para tratar “mi tema”¿por qué iba maquillada? ¿por qué tenía el pelo un poquito más largo? ¿por qué iba con ropa de mujer? 

Le dije a mi mamá lo que estaba pasando, que me sentía un poco apabullada,perseguida, me decían que me corte el pelo, que no vaya maquillada, pero era lo que sentía.

Para  ella yo tenía que respetar a la institución. Y yo le dije: “¿pero por qué yo tengo que respetar a la institución si ellos no me respetan a mí? Si yo no les hago ningún daño. No los estoy insultando, lo único que estoy haciendo es sentir, nada más”.

Mi mamá abrió los ojos grande y dijo: – “¡tenés razón, mañana voy a ir!”

Al otro día, en el colegio, me pusieron al final de la mesa larga. Mi mamá estaba paradita al lado mío. Empezaron a explicar que la reunión era para hablar del alumno, porque estaba teniendo algunos comportamientos extraños que alteraban el orden de la institución, sobre todo en las normas de vestimenta.

Mi mamá les dijo: – “me parece una ridiculez lo que están haciendo. Mi hijo no es ningún loco y no le hace daño a nadie acá, mi hijo siente, así que yo lo retiro y ustedes vean cómo siguen manejando la institución a su gusto, oprimiendo los deseos de los alumnos”. Dio un portazo y nos fuimos.

Yo estaba estudiando teatro en esa época, hacía danza también, no fue fácil porque había que pagar cuotas, y nunca fuimos ricos, pero era lo que yo quería hacer.

¿Y hacías todo eso?

Claudia Mendía vio mi situación y me becó; mi gran mentora de la danza, Candela García, también me becó y Gustavo Verdun me becó. La verdad fue muy lindo ser tan bendecida en ese sentido.

Para seguir con el colegio me dio una mano Claudia, ella era en ese momento preceptora del Tomás Cabrera, me ayudó a entrar y ahí terminé mis estudios. Ella tenía mucho miedo.

¿De qué?

De que yo ingrese al ambiente gay, de boliches, de la noche. Había como un ambiente muy pesado, de gente muy grande. Porque antes, el ambiente gay era de gente de 28 para arriba.

¿Meterte en el ambiente nocturno en esa época qué significaba?

Lo principal era la calle, la prostitución, fue el temor más grande hasta de mi mamá. 

De noche salía con Gaby, mi vecina trans, que fue la que me ayudó en las primeras juntadas, a producirme, a vestirme, yo tenía 14 años y me escapaba de mi casa para salir a bailar.

Decía que iba a la casa de mi abuela, pero me iba a la casa de Gaby que vivía al lado. 

La zona roja la conocí con ella porque me llevaba, pero no me dejaba hacer nada. 

En la calle hay mucho proxenetismo, incluso de trans que aprovechan la situación vulnerable de otras chicas trans, que son jovencitas y son apartadas de sus hogares. Eso existió siempre, pero ahora ya no se trabaja mucho en el área sexual específicamente, sino vendiendo droga.

¿Vos salís tranquila a la calle?

Si, porque yo soy artista y el círculo que armé me protege de todo eso. Pero una chica que trabaja en la prostitución, que lamentablemente no tiene las mismas oportunidades que tengo yo, no sale con la misma seguridad a la calle.

¿Y cómo es un show tuyo?

Busco visibilizar a la mujer trans en el escenario, en la cultura, en la tele. Ese es mi laburo.

Hago animaciones humorísticas en las que juego mucho con mi propia sexualidad. Por ejemplo, la palabra puto se la toma como un insulto. Yo lo que hago es quitarle al que está frente mio la facultad de que esa palabra sea ofensiva y ya entro de otra forma. 

Educar creo que es lo más importante. Estamos en una sociedad mucho más educada, en cuestiones de género, de empatía y de humanidad hacia el otro. Yo creo que de acá a diez años más, las cosas se van a empezar a acomodar, socioculturalmente hablando, mucho más.

Camila Maza

No soy tu secreto

¿Y qué pasa con el amor? 

Camila: El lado más delicado de cualquier persona son los sentimientos y las relaciones de pareja, es el lado más complicado de nuestras vidas. Seguimos siendo presas de amores de cuatro paredes, que no se pueden afrontar.

También pasa que muchos de los hombres que están con chicas trans las utilizan para tener mejor status de vida. Porque el negocio de la mujer trans, que en muchos casos es la prostitución, es super rentable, es el negocio que más dinero mueble. Te lo puede decir Daniela que estuvo en Italia y que pudo generarse un sustento de vida a través del trabajo sexual. 

Daniela: Yo era obligada a hacerlo por mi ex pareja. Hay muchas chicas que son obligadas a hacerlo, pero no lo dicen porque no creen en la justicia.

Camila: Para mi tiene que ver con la falta de afecto. Las que generamos somos nosotras. ¿A costa de qué? ¿yo voy a tener tu cariño si te doy un auto, si te visto entero? Es terrible encontrar el amor sincero.

Y más allá de todo eso, está la otra parte, en la que somos el objeto sexual. El objeto de la fantasía del hombre. También lo confundimos con cariño, este hombre está acá al lado mio pero me está utilizando solamente porque soy ese morbo, esa imagen fálica de tetas con pene.

Es triste porque todos tenemos los mismos deseos y construimos los mismos sueños que los demás, como el de tener un hijo. Pero no tenemos la seguridad de que vamos a estar bien con un hombre para poder tener una familia.

El amor es una etapa en nuestras vidas que es como ganar la lotería. Porque puede estar todo bien y te van a dejar por el qué dirán. 

Tengo la fe de que en 10 años la gente va a ver las cosas muy diferentes. El mundo está cambiando. Y yo creo que cada vez abrazan más nuestras condiciones. Qué feo decir eso, “condiciones”, pero lamentablemente es una condición que se nos presentó. Nadie viene al mundo a sufrir, a pasarla mal. Creo que todos queremos una vida de felicidad.

Una vez, un hombre me dijo: “Vos sos un hombre disfrazado de mujer”. A esta altura de mi vida ya tengo la capacidad de que esas cosas me resbalen. Y le respondí: “La verdad que si, soy un hombre, pero ¿sabés qué? es el mejor disfraz”.

La gente, usualmente, intenta burlarse con frases desafortunadas e hirientes y está bueno pensar en que si es un disfraz, es un disfraz que me encanta. El mejor que pude haber elegido en mi vida.

Fotos y texto: Luciana Cassina.

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