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“Vivo en un cuento de hadas”

Entrevista exclusiva a un matemago

Después de muchos años, y posterior a haberla aplicado para dividir equitativamente gastos de comidas gasoleras, descubrí que la matemáticas tienen sus tiempos, en realidad, que la cabeza de cada uno tiene sus tiempos y que en la escuela esperan que todos la aprendamos a la misma velocidad. Eso es lo que hace que nos parezcan feas y difíciles. Si te alejás un rato del mundo y te sentás a entenderlas, les podés encontrar algunas vetas realmente interesantes.

Andrés Rieznik es matemago (entre muchos otros títulos más decentes). Increíblemente matemagia y matemago son dos palabras que el corrector ortográfico no te pone en rojo, así que se ve que son términos que no fueron inventados por Rieznik, aunque yo no lo crea. Hace unas semanas atrás estuvo en Salta y fue inexcusable hablar con él para entender de qué se trata eso a lo que se dedica.

¿Cómo terminaste haciendo Stand Up? 

En realidad yo ya venía dando charlas sobre neurociencia del aprendizaje, mezclándolo con matemagia, matemática que parece magia, haciendo demostraciones de cálculo mental, mostrando estructuras de la matemática fascinante, diciendo el día de la semana en que nació la gente, si fue lunes, martes, solo conociendo la fecha de nacimiento, y era un espectáculo con una demostración friki. Pero cuando empecé a meter un poco de chistes me di cuenta de que eso quedaba mejor y a la gente le gustaba y la atrapaba más, entonces pensé en explotar ese lado del humor en los shows y empecé a trabajar con una standapera, Nadia Gay, que me ayudó bastante a montar los chistes y con Juanjo Salse, otro standapero, ellos me ayudaron a poner más chistes en mis shows.

La idea inicial era que me contraten más para este tipo de shows, pero un día me vio un tipo del Paseo la Plaza, Jorge, el dueño de Terraza Bar y me dijo: “¿no querés hacer un stand up, un espectáculo tuyo de stand up?” y me copó la idea. Fue un poco el sueño de pibe de poder mostrar un poco de mi arte con mi espectáculo propio, así que lo preparé durante unos meses y estuve todo este año haciéndolo en Paseo la Plaza y espero seguir el año que viene, estoy muy contento. 

La verdad es algo que me gusta hacer, me divierte, financieramente no es que me convenga, no gano plata con esto, pero me parece que me da mucha cancha, mucha experiencia, ponerle un poquito de humor a cualquier presentación en cualquier ámbito aunque sea el académico, suma.

Y esa es la historia de cómo empecé haciendo stand up.

¿Hacer stand up fue una consecuencia de estar en televisión?

En realidad no mucho, la televisión vino después de estar haciendo muchas presentaciones de matemagia, sorprendiendo y asombrando a la gente con eso, no con tanto humor, pero si era un espectáculo con mucho asombro.

Claudio Martínez, que siempre fue mano derecha y un poco productor de Adrián Paenza, me vio y me invitó a hacer una presentación con Adrián hace varios años atrás.  Y cuando la tele empezó a montar un programa para mostrar la ciencia argentina, Claudio se acordó de mí, me llamó, tuvimos una charla y me convocó para conducir el programa. Después llamamos a Eugenia, que es bióloga y es muy amiga mía de toda la vida, y así empezó La liga de la ciencia en televisión.

Así que te diría que mis presentaciones escénicas fueron antes que la televisión, y después, dentro de mis presentaciones escénicas, el volcarme un poco más hacia el humor. Hacer stand up vino después, y si, poco después de haber empezado La liga de la ciencia.  

¿Estar en las redes se convirtió en algo inevitable, ineludible, para los científicos?

Muchos no están en las redes. En lo que yo hago es bastante necesario, porque hago mucha psicología experimental vía redes y muchas presentaciones de mi trabajo, es una forma de comunicar ciencia. 

Creo que hemos tomado conciencia de la necesidad de hacer ciencia, nos dimos cuenta la necesidad de que se entienda la importancia de la ciencia.

En los últimos años muchas personas a las que les parecía que comunicar ciencia era una pérdida de tiempo, hoy piensan que el Estado debiera intervenir e invertir en la comunicación pública de la ciencia. De hecho, la misión de proyectos como la NASA, es la de divulgar ciencia, tratar de entusiasmar a los jóvenes en el pensamiento crítico, en el pensamiento científico.

¿Cómo es hacer ciencia en Argentina?

Hay que remarla, es difícil, estos últimos años fueron muy difíciles, no hay financiamiento, pedís un subsidio y te lo otorgan pero tardan tres años en darte la plata en pesos, entonces tenés que andar haciendo malabarismo para poder hacerlo. Pero, por otra parte, tiene el enorme desafío de que en muchas áreas hay que empezar de cero y eso es lindo también. Además, hay mucho talento humano así que eso también está buenísimo.

Hacer ciencia para mi es fantástico, yo siento hace ya un par de años que vivo en un cuento de hadas. 

Todos los días me despierto para discutir algo de investigación o de comunicación pública de la ciencia y es lo que me encanta hacer, y de alguna forma encontré un nicho en el que me siento realmente capacitado. Siempre tuve intereses diversos, siempre sentí esto de que el que mucho abarca poco aprieta. Me interesaba la magia, la ciencia, la lectura de libros de comunicación y eso hacía que muchas veces yo me sintiera que era bueno en varias cosas, pero excelente en nada, eso me bajoneaba un poco. 

A los 43 años siento que logré conjugar todo eso en algo en lo que no sé si soy excelente pero soy el único. Nadie hace shows de magia, mezclado con números y da charlas de neurociencia. Entonces encontré un nicho muy mío y creo que todo eso converge hacia este presente de dar charlas y hacer ciencia todos los días que es lo que me encanta, me apasiona y me fascina.

X Luciana Cassina

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